viernes, 26 de abril de 2013

Encuentre las diferencias

El barrio de Getsemani no era uno de esos lugares donde frecuentaban los turistas años atrás. Similar debía ser la situación en 'El Poblado', no creo que uno viera muchos mochileros por sus calles hace varios años (no se cuantos porque se trata tan solo de una suposición).

En el Getsemani se concentran los pequeños y sencillos comercios, los vendedores ambulantes, las baratijas, las calles son angostas y generalmente un tanto sucias. Las calles de 'El Poblado' son amplias, limpias, están continuamente interrumpidas por parques y grandes espacios verdes, bordean altas y lujosas torres o elegantes bares y múltiples lugares de comida gringa. Uno podría ser el barrio del once; el otro una fusión de lo residencial de puerto madero con la noche de palermo.

¿Por qué comparar entonces estos lugares? ¿Qué tienen en común?

La razón es sencilla: ambos son la primer cara que su respectiva ciudad muestra al mochilero de hostel. El grueso de los alojamientos de este tipo en la ciudad de Cartagena están en Getsemani; en Medellín encontramos casi la totalidad de ellos en el Poblado. ¿Quién sabe cuando se les dio a los hostels por instalarse en zonas no muy comunes para este tipo de establecimientos, pero sin duda que esa decisión de los dueños afecta a los visitantes (me comentaron sin embargo que en Cartagena se trató más de una movida en busca de mayor seguridad, al garantizar movimiento de gente durante las 24hs en ese barrio).

Fui feliz en Cartagena puesto que todo estaba a mi alrededor, era barato, el centro estaba cerca y a pesar del gran numero de turistas, uno podía conocer al colombiano promedio y su estilo de vida, siendo eso lo que uno busca al viajar.

Me costó adoptarme en Medellín. Me habían recomendado que busque alojamiento en el Poblado antes de llegar, pero al pasar con el bus por la zona y ver lo lejos del centro que estaría, seguí camino y me fui justamente al núcleo de la ciudad a ver que onda. Caminé un buen tiempo sin resultado alguno y me vi obligado a volver al Poblado. Barrio paquete (por ende caro), a unos 45 minutos del centro en transporte publico, poblado de shoppings y autos de lujo, sin mucho interesante para hacer, más que tomar unos mates en los muy lindos parques del lugar.

Mi vida en estos lugares obviamente fue muy distinta. Para afuera en Cartagena y para mi interior en Medellín. En una salía a patear un buen rato cada día: la ciudad amurallada se canso de verme siempre por sus adoquinadas y simpaticas calles. Hasta altas horas de la noche me quedaba dando vueltas por allí, disfrutaba de perderme en ese laberinto de callejones sin dirección cardinal fija ni nombre alguno, y cerraba las travesías con unos pinchos calientes y unas chelas heladas.
La espaciosidad del barrio de 'El Poblado' en cambio, me llevó a mirar para adentro. Mucha lectura, paseos sin mirar afuera sino adentro, reflexiones por doquier, y hasta ahora uno de los lugares mas fructíferos en cuanto a la escritura. Además me domina la pachorra porque mi cabeza piensa que tomar dos buses o quizá tres (si me equivoco, que es probable porque todos los carteles dicen lo mismo) para ir a un centro cargado de gente no valía la pena. Me he convertido en un perfecto antisocial en este lugar, tan solo abandono mi mundo para tomar un buen desayuno frente a las plazas, o para alguna que otra cerveza artesanal (son muy buenas acá).

Hay otra diferencia fundamental entre estos lugares: EL CALOR. Quienes me conocen  bien, saben lo que sufro yo cuando el termometro marca mas de 25-26°. En Cartagena además me toco una semana cordialmente dedicada y la temperatura nunca bajo de treinta. Salir del hostel requería de inconsciencia y mucho valor (o acaso son lo mismo? jaja). En Medellín ando con jeans y de noche he llegado a ponerme, sí, remera manga larga.

Ah si! Una última y los dejo... Por estas latitudes cae agua del cielo, no se si sabían. En casi mes y medio de viaje no había visto llover mas que un par de tristes gotas en las tardes de Boquete.

LA EXTRAÑABA!


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