21hs: Suena el despertador. Después de una buena siesta, despierto al resto de los chicos y nos organizamos para empezar a cocinar.
23hs: Una vez que desaparecieron los fideos del plato, empezamos a preparar las mochilas mientras contemplábamos la luna llena que nos acompañaría en el ascenso.
23.40: Partimos hacia la base del volcán en la camioneta Mercedez Benz de Miguel, un español que vive en EEUU y esta viajando por todo latinoamerica en el "Livingstone" (así bautizo a su auto).
Miercoles 27
00.25: Comenzamos con el ascenso a pie a los 1500msnm, nos esperan algo mas de 14 km de recorrido para llegar a los 3475msnm de la cumbre.
| La luna que nos acompaño en el ascenso |
El trayecto arranco realmente bien, con un gran espíritu y mucha motivación. ¿Los miembros del equipo de ascenso? Edith y Karin (dos hermanas austriacas), Donna (canadiense de raíces orientales y gran viajera), Matías (austriaco y trotamundos también), Miguel (ya mencionado) y yo, obviamente. Los primeros kilometros fueron muy rápidos, llevábamos un gran ritmo y fuimos adelantándonos a otros grupos, pero luego de 5km Miguel y yo decidimos bajar la marcha y nos separamos del resto. Mi falta de estado se empezaba a hacer notar y un fuerte dolor en el pie le daba trabajo extra a mi cabeza, que en ese momento era la única que me empujaba. Caminamos un par de km con Miguel, compartimos agua y sanguches, pero sentí que necesitaba seguir solo si quería llegar a la cumbre.
No estaba disfrutando en absoluto del ascenso por el dolor en el pie y el cansancio, y sentir que otra persona me estaba esperando no me ayudaba. Además frenábamos continuamente y eso estiraba el sufrimiento. Quede solo entonces, y último entre los que estábamos intentando subir esa noche. Saque el mp3 de la mochila y me puse la meta de no parar por 3km. La música me levanto claramente, despejó mi cabeza y alivianó los dolores. En ese tramo deje atrás a Miguel y a otro grupo de chicas con las que termine manteniendo un ritmo similar casi hasta la cumbre.
5.50am: Llega Miguel y con él no solo se completa el equipo sino que llega el sol. Ver el amanecer a esas alturas y contemplar tanto el Atlántico como el Pacífico realmente recarga energías y hace olvidar los dolores. Comenzamos con las fotos y los videos. Abro la botella de ron, le ofrendo las primeras gotas a la Pacha (como Beto nos enseño en el Lanin), brindamos todos y despliego la bandera argentina.
| Con Matías dandole al ron y desplegando la bandera del viaje |
No quiero recordar demasiado la bajada. Definitivamente la sufrí y mucho. Fue eterna. La cabeza llegó a su limite en cuanto a la mentalidad positiva y empezó a transformar todo en desazón. Los carteles que anunciaban los kilómetros que faltaban parecían reírse de mi. No fueron pocas las veces que quise abandonar, echarme a dormir un rato y arrancar de nuevo con los músculos descansados. Los gemelos pedían un respiro, la planta del pie acumulaba ampollas y para colmo se había sumado del dolor de espalda.
Pero gracias a las hermanas austriacas que me levantaban cada vez que me sentaba sobre una piedra, logre llegar. Odie, realmente odie los últimos 3 km. Parecieron 10.
11.30: Ya llegué al auto. La cumbre esta completa. La cabeza volvió a ganarle a mi físico. Y la compañía a la soledad. Por mas que necesité de momentos de soledad para grandes tramos, tanto del ascenso como del descenso, sin el grupo que se formo hubiera abandonado a la mitad sin dudarlo.
Deje todo, realmente todo. Tanto físicamente como mentalmente. Aún estoy recuperando mis músculos completamente atrofiados, pero valió la pena. Me debía una experiencia de este tipo, y sobre todo volver a la montaña. Aquel camino que arranque gracias a mis hermanos Ale y Machu, hoy le dio una nueva dimensión al viaje y se siente bien. Muy bien.
Brindemos por eso!
