jueves, 18 de abril de 2013

En una postal


Presentare primero a los personajes de esta aventura. Síganme…

En la cabina de proa se acomodaron Flo y Bjornante. Flo es alemán de 21 años y Bjorn es griego, tiene 19, y vive mitad del año en su país natal y la otra mitad en Noruega. Ambos se encuentran viajando hace unos cuatro meses por Centroamérica.

En la cama doble de babor duermo junto a Herman, el noruego ya mencionado en el texto anterior. Tiene 28 años y hace siete meses que partió de su casa para da vueltas por el sudeste asiático en primer lugar, y por Centroamérica después. Claro que este no es su primer viaje, estamos hablando de un experto, con posibilidades, tremenda pasión por viajar y barba de naufrago.

En la cama de estribor y sin moverse de allí en todo el cruce, tenemos a Noel (o como corno se escriba). Suizo, primo del capitán y “tripulante” del navío.

El capitan, su ron, Bjorn y Flo
Durmiendo afuera (en el cockpit) encontramos, como corresponde, al Capitán Sebastián. Originario de Barranquilla, navegante moderno acostumbrado al piloto automático (que embole man!), gran contador de chistes (de argentinos sobre todo), y un toque fumanchero. Domina 3 idiomas, realiza este trayecto hace más de dos años y en los últimos 6 meses con barco propio: Darien drifter. Moto velero de 34 pies, con cockpit cabinado, con chiches propios de la navegación marítima pero al cual el Repunte no tiene mucho que envidiarle en cuanto a la navegación respecta.

Hay un séptimo integrante de la navegación. Va rotando de cama cada noche acomodándose a los pies de quien allí se encuentre. Mascota del capitán desde que compro el velero, su nombre es ‘Chico’ y es un pequeño, muy pequeño, y simpático perro (supuestamente de la familia del doverman).  Anécdota al margen: Como saben los perros no me fascinan, y ‘Chico’ quiso darle vuelo a ese sentimiento cuando al llegar a Cartagena se le ocurrió mear sobre mi mochila (gracias a dios con el cubremochila puesto).


La noche del Sábado 6 nos embarcamos en Portobelo y a la madrugada partimos rumbo a Chichime, la primera de las islas de San Blas que visitaríamos. Fueron 10 horas de navegación, con buenos vientos en la mitad del trayecto y apoyados en el motor el resto. ¿El oleaje? Distinto al del río. Ni mayor, ni menor: distinto. Con eso me alcanza para justificar que me haya mareado y vomitado, no?


Parte vital del ritual de la pesca
¿Cómo es vivir en una postal? 
        -  Es navegar en aguas de un azul intenso
         - Alimentarse de tu propia pesca: un par de peces sierra capaces de alimentar a 10 personas c/u
         - Hacer snorkel en medio de corales y peces multicolores
         - Caminar por arenas blancas que se dejan besar por aguas turquesas
         - Ver el fondo del mar 10 metros por debajo de uno
         - Comer langosta por primera vez en una rústica mesa de una isla paradisíaca
         - Ver niños Kuna correteando, curioseando en medio de gente extraña y disfrutando de una vida sencilla       en un lugar increíble
         - Bajar un coco de una palmera para hidratarte
         - Y por supuesto jugar un fútbol multinacional en el que quedamos bien parados, no se preocupen.

Momento de langosta en Chichime
Fueron tres noches en las islas. Las primeras dos en Chichime. Esta isla es una de las más frecuentadas por los turistas. No solo llegan los veleros, sino que al ser la más cercana al puerto del Porvenir, uno encuentra varios acampantes que arribaron en lanchas. Es la más comercial además contando con duchas, kiosko, una familia Kuna numerosa, cancha de vóley, un par de hamacas para dormir y amplio espacio para hacer fogones. En la segunda noche organizamos justamente un fogón con otras embarcaciones y cocino unos chorizos aprovechando el fuego. El fogón deviene en fiesta al compás de la música sostenida por el ukelele de Bjorn y la percusión del capitán.
La tercera noche la pasamos en Waisaladup, perteneciente a los cayos holandeses en el extremo del archipiélago. Por la lejanía esta isla es mas exclusiva, es habitada por una pequeña familia Kuna que ocupa tan solo un rincón del territorio y visitada por solo cinco veleros en ese momento. Nada de kioskos o carpas por acá.

Noche tranquila la del martes. El miércoles a media mañana da lugar al inicio del plato fuerte.
Con el motor funcionando mal desde el inicio porque recalentaba rápido tuvimos un cruce 100% a vela. El primer día el viento acompaño en buena manera y promediamos casi 6 nudos (la distancia a recorrer era de 200 millas náuticas). La navegación era tranquila, el oleaje prolijo, pero para evitar mareos ninguno quería hacer grandes esfuerzos.

Conocí música de muchas partes del mundo. Esa fue nuestra mejor compañía, cada uno aporto lo suyo. Escuchamos melodías tradicionales griegas, trovadores suecos, reggaetón panameño (pésimo), vallenato colombiano, house alemán, Mumford, rock nacional, Jeites, Jarabe de Palo, Radio Tarifa, La Cata, y por supuesto, ARBOLITO. Sí, mucha música. Fueron 60 horas de navegación macho.

El segundo día bajo el viento y no llegábamos a los cuatro nudos de promedio, hasta que cayó la noche. Fue dura esa noche: el barco bailo de lo lindo, adentro te calcinabas, afuera te empapabas, imposible dormir. Pero avanzamos lindo, superando ahora sí, la velocidad del Repunte. Claro, con ese viento cualquiera.

6562 ft= 2000mts de profundidad
Podríamos haber llegado temprano en la mañana del viernes cumpliendo el deseo de Bjorn que quería llegar a Venezuela para las elecciones (y yo había decidido sumarme al plan). Pero el viento no lo quiso porque al alba se borro del mapa. Durante un par de horas las olas nos hicieron retroceder y no había mucho que hacer porque tirar el fondeo acá no es una posibilidad dado que las profundidades le ganan la pulseada a la cadena.
Intentábamos barrenar las olas en sentido contrario a Cartagena para refugiarnos en las Islas del Rosario y esperar allí a que vuelva nuestro salvador y único aliado posible. Este quizá percibió nuestra desesperación y nuestras ganas en ese acto heroico y volvió a soplar con fuerza de popa, obligándonos a desplegar las orejas de burro (una vela de cada lado) porque el tangón estaba roto.

 

Así arribamos a Cartagena cerca de las 5 de la tarde, anulando la posibilidad de llegar a Caracas por tierra antes del cierre de fronteras. He navegado antes a otros lugares pero nunca había entrado a una ciudad “grande”, con múltiples edificios, navegando. Para coronar la epopeya, coincidimos en nuestra 
entrada a la bahía con un submarino que era remolcado por barcos de la marina. Algo más? Sí, la imagen de un capitán borrachísimo a esa altura luego de festejar el regreso del viento con un par de botellas de ron.

Para que se den una idea: estuvimos una hora dando vueltas para tirar el ancla, daba órdenes de enrollar la genoa por el lado contrario, no quiso bajar la mayor hasta un buen rato después de haber fondeado y lo que es mejor, al día siguiente no se acordaba de nada desde la entrada en la bahía.


Yo por el contrario, nunca olvidare nada de esta triunfal entrada y de la oportunidad de haber vivido en una postal.









1 comentario: