viernes, 19 de abril de 2013

Una búsqueda tardía

Llegué unos 15 años tarde, pero llegué. A pesar de que era improbable encontrarla acá hoy día, decidí buscarla por los lugares que frecuentaba. O al menos recorrer aquellos sitios a los que supongo que solía acudir.

Arranque a la mañana en Santa Marta buscando alguna refresquería para desayunar frente a la playa. No la encontré allí, pero la mezcla de melón, ananá, uvas y banana bañadas en jugo de guayaba, bien valió la pena.

Acto seguido me apronte a tomar el bus a Rodadero que es el barrio que esta unos 5km al oeste de Sta. Marta y que se encuentra próximo a Decameron, el hotel en que trabajaba. No quise ir hasta allí directamente para no interrumpirla si se hallaba trabajando en ese momento Me limité a caminar por el pequeño balneario; quizá estaba de franco y me la cruzaba. Cuando frene para leer un poco y tomar un jugo de piña, reflexioné un segundo y eso me basto para entender que si estaba de franco no se quedaría en las mismas playas en las que se bañaban todos los días los huéspedes del hotel.

¿Fiel retrato de mi viaje quizás?
Un par de buses destartalados, manejados por alocados conductores (no tenemos derecho a quejarnos en bsas jaja), me depositaron en Taganga luego de cruzar Santa Marta de un extremo al otro. En este balneario menos coqueto que el anterior y con una increíble bahía entre montañas, me distraje por un rato de mi búsqueda y me aventuré por los acantilados del lugar.

Luego de muchos minutos que llegaron a ser horas de mover los pieces entre rocas y las manos frente a mi cámara  llegue a una playa llena de "estaderos". Estos son amplios quinchos con mesas a donde la gente acude ya sea a buscar una bebida, a comer, a buscar sombra o a dejar las cosas mientras se zambulle en el mar. No podía decidirme por uno en particular para sentarme a descansar y refugiarme del sol, hasta que encontré uno que se llamaba "Estadero Viviana". Sí, como mi hermana mayor. En ese preciso instante recuerdo mi objetivo del día, pero igualmente me siento un rato para pensar en como seguir mi búsqueda mientras me bajo un litro de agua en un segundo. La calor me esta matando!



Vuelvo entonces al pueblo de Taganga y decido jugar mi última carta en un bar playero. Con una birra y unas fritas me siento a esperar que el Sol se vaya a iluminar otro lugares.



El día termina y no he logrado encontrar a Machu, mi hermana. Pero me voy feliz de estas tierras luego de haber reconstruido un poco lo que debió haber sido su vida hace 15 años (claro, sin la parte de laburar jeje).

¿Quién no se enamoraría eternamente de Santa Marta y sus alrededores si tuviera la oportunidad de vivir acá por un tiempo? 
Yo estuve 39 horas nomas. Treinta y nueve horas me alcanzaron para elegir este lugar como el mejor del viaje hasta el momento.

3 comentarios:

  1. Buena onda pollo! Ya ahora me puedo poner al día con tu blog, asique seguí actualizandolo con ganas!
    Abrazo che! (emo)

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  2. MATI SOS LO MÁS!!!!! me emocionaste hasta la médula con tu viaje en el tiempo a mi Santa Marta del alma.

    Nadie podría haber llegado mejor! Y esas fotos!! buenísimo!!!

    Santa Marta tiene tren, Santa Marta tiene tren y es un HITO EN MI VIDA!!!! jaja

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  3. Mati: muy bueno el relato y también el baile de manos. Pero tengo sed de máaaaas. Alguna anécdota, algún dato de dónde estás durmiendo en éstos días o si estás haciendo contactos para algún trabajo que te permita seguir viajando pro allá.
    Un beso grande. Vivi.

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