martes, 19 de marzo de 2013

Punto de inflexión

¿Cómo disfrutar del camino cuando la meta es tan clara? ¿Cómo no pensar a cada momento en lo que falta y no en el momento mismo o lo ya recorrido?

¿Cómo puede uno corregir el rumbo para retomar el sendero del sueño? No estoy queriendo decir que es malo salirse del plan, pero cuando hay un sueño o una meta clara, ¿hasta cuando puede uno desviarse?
Las tentaciones en el camino surgen continuamente. Tentaciones simplistas, distracciones atractivas y lujosas que podrían hacer más bella la superficie del viaje. Porque claro, si la meta o el sueño son realmente valiosos, implicarán algunas renuncias, dificultades extra y obstáculos a superar.

El viaje no debe ser feo o aburrido en absoluto. Menos aún debe ser forzadamente sufrido. El viaje sera placentero por el simple y grandioso hecho de que nos estamos acercando a la meta y por la transformación interna que realizaremos a cada paso dado.
Pero existe un punto particular, un punto de inflexión en todo viaje. Es aquel en que nos liberamos de ciertas cadenas que nos mantenían atados y nos atrevemos a poner el pie en la ruta, abriendonos a la sorpresa y finalmente poniendo en acciones los pensamientos y palabras.

Es cuando empezamos a recorrer kilometros y acortar la distancia a la meta.
Es cuando dejamos de mirar tan seguido el final del camino para mirar a nuestros costados, confiados en el camino que estamos transitando.

Es cuando sentimos el viento en la cara!


Hombre contempla a su alrededor al avanzar




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