En este pequeño pero atractivo y montañoso pueblo estoy sintiendome cada vez mejor. Aún siendo un lugar turístico, mantiene un clima tranquilo y distendido donde uno ya no se siente abrumado por la oferta de tours a las islas, vendedores ambulantes o guías callejeros.
La pegue con el hostal. Llegué a Boquete con la referencia de dos hostels buenos y baratos, pero luego de enterarme que no había lugar en uno de ellos y que en el otro los dueños tenían una mala onda alarmante, termine volviendo sobre mis pasos y me alojé en el hostal palacios, justo frente a la plaza central donde había llegado. Nunca conocí una persona tan enérgica como la de Pancho Palacios, el dueño del hostal. Apenas se asoma una persona a la puerta de la casa, Pancho la recibe con una catarata de palabras de bienvenida y le empieza a presentar la casa, sus cuartos, los colchones "ortopédicos", la cocina, los baños con agua caliente ("el agua caliente es la de la izq" es lo que repite cada vez que ve a alguien entrar a un baño con la toalla). Luego de esa presentación (nunca modifica nada) te sienta en la recepción, registra tu nombre, te cobra y agarra un mapa en el que empieza con el mejor de sus discursos de cassete. Janet, la mujer, lo acompaña en el trabajo y también sus hijos lo ayudan, pero uno termina registrando únicamente a este personaje que nunca para. Lo juro, nunca para. Reconozco que por momentos me cansa su energía, en especial a la mañana, pero le tengo que agradecer por haber interpretado rápidamente mi falta de presupuesto y el haberme dado múltiples indicaciones para hacer increíbles recorridas por la montaña sin acudir a guías ni a tours armados.
Pero la felicidad que logré en este lugar no me la dio la pegada con el hostal, sino mis recorridas a pie con la única compañía de mi mp3. En esos momentos encontré la libertad buscada, la profundidad tan necesitada y la inspiración que deseaba. De esos momentos surgió el baile en solitario, el grito desaforado y la conexión con mi esencia y con lo que quiero ser y hacer.
Y por supuesto conocí buena gente. Un lugar lindo deja de serlo si la gente que uno allí encuentra no lo es. Primero fueron Veton y Elisa, una pareja londinense con la que nos habíamos cruzado en Bocas y con la que me reencontré la primer noche en este lugar. Con ellos hemos tomado una buenas cervezas, compartido ricas y baratas comidas, nos desencontramos para ir al sendero de los quetzales, y quedamos en reencontrarnos en Buenos Aires. Ahora comparto mis tiempos libres (aquellos en los que me canso de la soledad jaja) con dos hermanas austriacas, y tres locos viajeros del mundo (una canadiense, un austriaco y un español). Con ellos partiremos en unas horas rumbo al Volcán Baru, la gran montaña que me obsesiona cada mañana cuando desayuno.
Siguiendo la costumbre familiar de alta montaña, llevo la mochila provista con todo lo necesario: el amuleto (inauguro uno nuevo) y la bebida. Espero estar brindando con mi petaca de ron Abuelo en la cumbre. Los invito a brindar conmigo al amanecer.
Salud!
Día de extasís en el sendero de los Pianistas
Emocionan tus palabras.
ResponderEliminarHasta ahora el mejor de los posteos.
Contagia alegría.
Brindo con usted señora Gallina
PD: la aclaracion del agua caliente me robo una sonrisa.
Pa loco, se ve que de a poco se va calentando la birome y empieza a salir el arte. Igual sabes que yo soy mas básico y menos poético por eso sigo eligiendo el baile de los pies, jajaja. Por ahora es el amuleto para reírme un rato y cortar la rutina.
ResponderEliminarEspero que hayas echo cumbre y si tas muy pedo baja haciendo culo patin.
Abrazo